martes, 7 de agosto de 2007

Actitudes sociales hacia la homosexualidad

Muchos moralistas y diferentes grupos religiosos consideran que esta orientación es una desviación sexual y un pecado. La homosexualidad ha sido prohibida en muchos países y culturas, castigando la tendencia sexual en sí o algunas prácticas asociadas (como la penetración anal, bucal o la masturbación) aunque no sean exclusivas de los homosexuales. En muchas culturas la relación homosexual —aunque fuera consensual— llegó a considerarse un crimen.

ROLES
Existe un falso mito popular que dice que en las parejas homosexuales uno de los hombres adopta el rol de varón y el otro el rol de mujer. De esta manera el hombre más varonil sería activo (el que penetra analmente al otro y nunca es penetrado) mientras que el afeminado sería pasivo (que desea ser penetrado analmente de manera exclusiva). En realidad el coito anal es una práctica poco frecuente en las relaciones esporádicas, y la mayoría de las parejas homosexuales estables que practican sexo anal son "versátiles" o activos-pasivos (en el transcurso de una relación sexual pueden ser penetrados por el otro o penetrarlo).
Este mismo mito erróneo también se aplica a las mujeres: una de ellas tendría facciones, musculatura, actitud y ropas más masculinas, mientras que la otra sería más "femenina" (pasiva).

Manifestaciones históricas
Ya en la más temprana antigüedad se encuentran casos de homosexualidad bastante bien documentados.

En Grecia y Roma
El lugar del homosexual en la sociedad y la percepción de la homosexualidad cambia muchísimo entre las sociedades y las épocas. En la Grecia antigua, por ejemplo, fue considerado normal que un muchacho (entre la pubertad y el crecimiento de la barba) fuera el amante de un hombre mayor, el cual se ocupaba de la educación política, social, científica y moral del amado. Pero se consideraba más extraño que dos hombres adultos mantuviesen una relación amorosa (aunque se ve que era normal en la relación entre Aquiles y Patroclo, o en las parejas de soldados tebanos y hasta en la relación entre Alejandro Magno y Hefestión). La situación de la mujer, al contrario de lo que podría pensarse, era muy diferente y la homosexualidad femenina no estaba bien vista.
La máxima griega era, a este respecto, que la mujer era para la reproducción, pero el hombre para el placer. Se reconocía que era necesario preservar la estirpe, la especie, pero que solamente se podía encontrar placer en la relación íntima con otro hombre.
En la antigua Roma, que tenía un sistema similar, era normal que un hombre penetrara a un esclavo o a un joven, mientras que lo contrario era considerado una desgracia. De Julio César, el gran genio militar, creador del Imperio, se decía que era vir omnia mulieris et mulier omnia virorum, esto es, ‘el hombre de todas las mujeres y la mujer de todos los hombres’. Y aunque se decía que había perdido la virginidad con un rey (aludiendo a su estadía en Asia Menor como huésped de un rey), eso no fue motivo de menoscabo efectivo para él. Marco Antonio y Octavio (después conocido como Augusto César), tenían amantes masculinos.